Difícil resumir en unas cuantas palabras diez años, imposible hacerlo para expresar todo lo que ha significado, todo lo que es, hace y me ha dado Luz. Han pasado diez años de que esta mujer me brindó una ceremonia religiosa inolvidable, en la que dije que la amaba ante Dios y ante los humanos, que lo haría por toda la vida; y hoy esta vida cotidiana es una sinfonía que queremos compartir con ustedes.
Gracias por estar aquí hoy. Muchos estuvieron presentes ayer hace diez años en la parroquia de Villa Juárez y en el salón La Burrada, cuando Luz me cantó “Si nos dejan…” Otros no pudieron acompañarnos aquella vez pero sabemos que nos tuvieron presentes. No están todos los que son pero son todos los que están y aunque la tradición marca que los diez años son bodas de lata, cada día con ella ha sido de oro.
Diez años es aproximadamente la cuarta parte de mi vida, pero tuvimos más de seis años de noviazgo, es decir, ya es casi la mitad, y ha sido lo mejor que me ha pasado porque no es pasado, es un presente que se construye cada día, espero que en piedra sólida. Convivir con alguien como yo no es fácil y ella es mi piedra de toque, bella y amorosa, culta y sensible, fogosa y crítica, arriesgada y con carácter. La diosa ideal para este viejo sátiro. Una mujer que sabe que los cuentos de hadas suelen finalizar en el matrimonio, pero que allí empiezan las realidades que pueden dar motivo a grandes novelas.
Cinéfilos, gustosos del arte y la política apartidista, sin hijos por convicción, socios, cómplices y amantes, como en toda relación, nos hemos construido y destruido y vuelto a construir. Con ella he creado y avanzado, aunque a veces sea a gritos, pero ha sido más a miradas, a guiños de complicidad en sus hermosos ojos, noches cálidas y palabras, sobre todo muchas palabras cruzadas para inventar mundos. En donde quiera, en la cocina y en la cama, en la carretera, es la mejor que he conocido. Nunca estoy a oscuras con ella.
Llegar a adivinar lo que el otro piensa, a decir lo mismo al mismo tiempo, a construir mil referencias y cientos de chistes privados no es fácil, pero tampoco es fácil seguir sorprendiendo, dudando, crear nuevas visiones del mundo, no aburrirnos. Y nunca me he aburrido con ella, a quien debería levantarle un monumento no sólo con palabras.
Sabemos que cualquier día este sueño puede terminar, que hay cambios que nadie puede prever, pero hasta hoy aquí estamos, la adoro por encima de todas las cosas y este día es una sencilla manera de agradecerle que me tolere, de decir que la amo en cada aspecto físico y espiritual, de dejar constancia que ustedes han estado allí y que diez años pueden ser un suspiro.